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No todas las hormas sirven para lo mismo, y elegir mal es la causa más común de que un zapato acabe deformado. Hay dos familias, y hacen cosas opuestas.
Son las de cedro o haya. Se ponen dentro del zapato después de cada uso: absorben la humedad del pie, evitan que el empeine se arrugue y mantienen la horma original. El cedro además neutraliza el olor de forma natural. Si inviertes en calzado de piel, esta es la horma que necesitas.
Llevan un tornillo o husillo que separa las dos mitades de la horma y estira la piel de forma progresiva. Sirven para eliminar una rozadura concreta o para ganar algo de anchura cuando el zapato aprieta. Se dejan actuar entre 24 y 48 horas.
Si dudas entre una y otra, escríbenos: te decimos cuál encaja con tu zapato antes de que compres.
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